Aqui pondré opiniones mias y chistes, para alegrar la visita que hagan al blog…procurando no ofender…y cualquier opinión será mas que bienvenida.

SEGUNDA PARTE DE ESTE EXCELENTE COLUMNISTA DEL “EXCELSIOR”, PABLO HIRIART.

Vida nacional

Pablo Hiriart

Ruiz Cortines, no Cárdenas, excluyó a la iniciativa privada

Quien introdujo la concepción estatista y monopólica en la industria petrolera no fue el presidente Lázaro Cárdenas, sino Adolfo Ruiz Cortines, cinco días antes de dejar el poder. Ruiz Cortines, en una de esas decisiones insólitas que suelen tomar los presidentes en los días previos a dejar el gobierno, borró lo que habían hecho Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho para incorporar al sector privado nacional en la exploración y explotación de petróleo.

Vamos por partes.

En 1939, el general Cárdenas introdujo en el artículo 7º de la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional en materia de petróleo, lo siguiente: “En el caso previsto por la fracción I del artículo anterior, podrán celebrarse contratos con los particulares, a fin de que éstos lleven a cabo, por cuenta del Gobierno Federal, los trabajos de exploración y explotación, ya sea mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje de los productos que se obtengan”.

Posteriormente, el 3 de mayo de 1941, el presidente Manuel Ávila Camacho envió al Congreso una iniciativa con modificaciones a la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional en materia de petróleo, que en su exposición de motivos expresa de manera textual: “ …nos han formado la convicción de que precisa introducir en el sistema de la ley ciertas modificaciones que, sin apartarse de su inspiración y tendencia, le presten la amplitud y flexibilidad requeridas para el mejor estímulo de la iniciativa privada, en cuyas energías vitales —lo tenemos dicho— ciframos principalmente nuestra seguridad en la expansión económica del país. “Por otra parte, las modificaciones intentan abrir nuevas oportunidades a la inversión del capital privado en la industria petrolera bajo formas de empresa que, por constituir entidades de economía mixta, es decir, organismos semioficiales controlados por el Gobierno, impriman a la participación privada un sentido preponderante de utilidad social.”

En los artículos del proyecto que envió al Congreso el presidente Ávila Camacho están dos que aclaran el sentido de la Ley: “Artículo 6º. La Nación llevará a cabo la exploración y explotación del petróleo, en la siguiente forma: “I. Por trabajos que realice el gobierno a través de su órgano correspondiente; “II. Por conducto de las instituciones públicas petroleras que al efecto cree la Ley, y “III. Mediante contratos con particulares o sociedades.”

Dice en el “Artículo 8º. En el caso de la fracción III del Artículo 6º podrán celebrarse contratos con particulares o sociedades para que lleven a cabo los trabajos respectivos, a cambio de compensaciones en efectivo o de un porcentaje de los productos que se obtengan. “El otorgamiento de esos contratos se hará previo estudio que funde su necesidad o conveniencia, por medio de convocatoria que se expida en cada caso, y prefiriéndose a quien ofrezca mejores condiciones”. Eso no lo hizo ningún “vendepatrias”.

Lo hizo el general Manuel Ávila Camacho, sucesor del presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien ya había fijado las reglas mediante las cuales la iniciativa privada podía ser invitada a explorar y explotar petróleo por encargo del gobierno federal. Casi 20 años después de que el presidente Cárdenas puso en la Ley Reglamentaria del 27 constitucional, el presidente Adolfo Ruiz Cortines envió al Congreso una iniciativa con modificaciones a esa Ley, con su visión de las cosas. En la exposición de motivos, Ruiz Cortines le dice al Congreso: “El conocimiento de las necesidades actuales del país y una mínima previsión del futuro de México, requieren que las actividades de una industria tan vital para la nación, sean no solamente controladas por el Gobierno, sino monopolizadas por el Estado, pues la explotación de un recurso natural como el petróleo, que no puede ser reservado y que significa un factor esencial y determinante en el progreso de México, debe inspirarse en un fin de interés general y no estar sometida al arbitrio de intereses privados que por cualquier causa, lícita o no, pudieran interferir en el adecuado desenvolvimiento de la industria petrolera”. Agrega: “La Nación ha optado, por lo tanto, como única forma de explotación del petróleo, el conducto de Petróleos Mexicanos, organismo descentralizado mediante el cual se han obtenido frutos ventajosos”. Esa es la historia.

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